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Miercoles 19 de Diciembre de 2018   









Adelina tenía otra historia: El nombre del pueblo no se originó en el ferrocarril
22/3/2011 San Isidro - Barriales

En los números 1067 del 14 de enero y 1069 del 25 de febrero de 2011, Prensa Libre, publicó las notasdonde dimos una amplia biografía del historiador Ramón Miranda vecino de Villa Adelina. Formuló en un reportaje,las certezas que sus estudios históricos le habían demostrado, y que fueron que esta villa no tomó ese nombre de un familiar del Administrador del Ferrocarril Central Córdoba, actual General Belgrano, sino de un almacén de ramos generales, pulpería y posta, que estaba ubicada en las actuales Avenida del Fondo de la Legua y Luis María Drago, donde actualmente se encuentra una estación de servicio.

El reportaje que mencionamos, fue publicado en el periódico Pueblo Chico, del mes de noviembre de 1990, y realizado por su editor, el periodista Jorge Daniel Vilches. Los números de este periódico están totalmente agotados y el que se encuentra en nuestro poder nos fue facilitado por el Director de la Biblioteca Bernardino Rivadavia de Martínez, Héctor Arias. Vaya nuestro agradecimiento.

Ahí dice el historiador Ramón Miranda: Adelina hay una sola.

Y continúa: “La localidad de Villa Adelina, que una placa de bronce recuerda como un regalo inglés a un lugar sin nombre y que adquiriría status de pueblo con la entrada del ferrocarril en 1909, fue, mucho antes de la llegada del imperio británico a nuestro país, un pujante paraje de quintones que, según documentos oficiales ya era llamada a mitad del siglo XVIII , como ‘La Adelina’, cuya activa participación con soldados, recursos y armas hizo posible la Reconquista de Buenos Aires en 1806.

Paradójicamente, un siglo después se rebautizó como Villa Adelina, en honor de un familiar –de nombre Adelina- del administrador ferroviario inglés, Duncan Munro”.

(N. de la redacción: es digno de mencionar, que por un total descuido de las autoridades del municipio, la casa de Virrey Vertiz 1051 de esta Villa, “La Chacra de los Márquez”, se encuentra en terrenos del Ferrocarril y totalmente abandonada, pese haber sido declarada de interés público municipal (cfr. Ordenanza 7048 del 28 de agosto de 1992, durante la gestión del Intendente doctor Melchor Posse), debido a los valores históricos de su época de construcción. (*)

Esta nueva versión es consecuencia de los estudios del investigador adelinense Ramón Miranda, cuya tozudez en sus investigaciones datan de más de 15 años.El centro del pueblo, que hoy desarrolla sus actividades en torno a la estación ferroviaria, tuvo su epicentro en la esquina del ‘Camino a Retiro’ o del Fondo de la Legua y Luis María Drago, donde estaba ubicada una posta y pulpería desde tiempos inmemoriales (se cree poco después de la distribución de las ‘suertes’ por Juan de Garay, en 1580), que se llamó ‘La Adelina’.

Ramón Miranda teje en torno del paraje ‘La Adelina’ su propia hipótesis: “Se trataría del nombre de la dueña del quintón, que le dio el nombre al lugar y que posteriormente, en el año 1820, al producirse un gran cambio en lo que es hoy Villa Adelina, por la gran partición de tierras, el nombre perdura. Fueron épocas de pleitos terribles entre los quinteros y entre los herederos de esos quinteros. Y esos pleitos hacen que la tierra se subdivida en pequeñas quintas. Las grandes quintas se parcelan en forma acelerada, lo que produce pleitos que traen furiosas peleas e incluso hay registrados en los ‘acuerdos’ o registros del Viejo Cabildo de Buenos Aires, gravísimos asesinatos de vecinos en peleas de duelo criollo, a cuchilladas, por pequeñas lonjas de tierras entre familiares”.

“Pero la quinta ‘La Adelina’ siguió existiendo –continúa su relato Miranda- en medio de una época de disputas entre intereses y con muchos problemas de tipo legal. Entre 1820 y 1840, el paraje ya se denominaba ‘La Adelina’, como que se refieren con ese nombre a estos pagos. Incluso figura en los antiguos planos de catastro en La Plata y en Buenos Aires, en el Archivo General de la Nación, donde hay escrituras hechas por el único escribano de la zona, que vivía en San Fernando, que revelan con el nombre de ‘La Adelina’ la venta de tierras y las transferencias de estas propiedades, incluso de carácter gratuito”.

“Como toda posta de cualquier camino, su vigencia es medida en términos de tráfico. Por siempre un gran huellón, el Camino del Fondo de la Legua fue por excelencia la senda que transitaron las carretas con carga que provenían del interior y de las provincias del litoral en especial. Se puede afirmar que por aquí pasaban todas las carretas que iban para Buenos Aires y descargaban en Retiro”.

No había otras calles que Fondo de la Legua, que se conectaba con el camino de la Tradición (hoy Márquez-Ruta 8) y el camino de Santa Fe, que era la ruta habitual de las carretas con pasajeros hacia Buenos Aires.

La población de agricultores que habitaban estos parajes tenían como frente del lugar a lo que es Fondo de la Legua y Drago y se reunían en la pulpería para abastecerse de artículos de primera necesidad, enterarse de las novedades que traían los carreros –que tenían en la pulpería el recambio de bueyes- de los sucesos que conmovían a los pueblos de entonces. O la llegada de algún payador, verdadero noticiero volante de la campaña. Por alguno de esos carriles, llegó a estos lares la noticia de la llegada de las invasiones inglesas, la toma de la ciudad con la novedad que era imposible que los porteños retomaran la Capital, sin ayuda de las chacras y quintas de los alrededores.Los adelinenses del siglo pasado iban 1 ó 2 veces por mes a su pulpería y era una manera de conectarse con el mundo, que tan poco se inmiscuía en sus apacibles vidas.

Desde que las tierras fueron entregadas por Garay, siempre fueron quintas –asegura el profesor Miranda- y además eran hombres que se dedicaban a su tarea con grandes sacrificios. Ya a comienzos del Siglo XVIII, se puede detectar que la actividad económica estaba conectada con las necesidades de frutas y verduras de la capital del Virreynato. Formaban parte de ese cinturón verde que alimentaba a la ciudad y que tuvieron un papel importante cuando los ingleses tomaron Buenos Aires, en el año 1806. No hay que olvidarse que los hombres de librea, los personajes más importantes de la ciudad, se habían entregado y estaban coqueteando con los invasores, Por estos pagos andaban los Alzaga, Felipe Centenach, Liniers, Pueyrredon, intentando hacer algo.

De ellos parte la convocatoria a las quintas (Baradero, Pilar, San Fernando, San Isidro) para que los quinteros se alcen y formen la tropa para pelear en forma organizada, lo que sería la lucha por la Reconquista de Buenos Aires. Acá se forma la “rebelión de los agricultores” y van presurosos al llamado con recursos, armas y hombres. “Vienen de todos lados, reuniéndose en el cuartel general de Luján. De allí parten con Liniers, que viene de Montevideo y desembarca en San Isidro. El llamado tuvo un eco magnífico y desde “La Adelina” un numeroso grupo de hombres del lugar se acoplan al batallón cuando pasan por el lugar. Tienen una sola consigna: terminar con el invasor inglés. Y allá van, orgullosos de una bandera con una distinción especial, que los identifica como experimentados tiradores, de tanto meter bala en los bosques de tala de los alrededores”.

Cuarenta años antes de la llegada del “caballo de hierro”, en los tiempos del gobernador Martín Rodríguez y secretario Bernardino Rivadavia se reorganiza el correo. Y en forma oficial la pulpería se convierte también en posta y en los documentos se luce: “Posta La Adelina”, para colmo una quintera, como ellos. Tan sencillo como que así se tenía que llamar.

La llegada del ferrocarril alegró a todos. Era el anhelado progreso que zumbaba como un mesías y que venía de la mano de los altos y rubios y que hablaban con parsimonia una lengua que decían, era el símbolo de la civilización. No todo fue alegría y bienvenida: el Estado abre un expediente para darle nombre al lugar y no tiene mejor idea que hacerlo en homenaje al pariente de Munro, poderoso personaje local. El pueblo se reúne alrededor de la pulpería “La Adelina” y no se habla de otra cosa: las reacciones son violentas. Los diarios de la época reflejan en “Cartas de lectores” que es una mentira que se llame por la parienta de Munro. Ni siquiera fue una polémica, porque muy pocos aceptaron este oscuro manejo que dejaba de lado a la antigua Adelina.

Para buscar testigos de aquellos tiempos no hace falta ir muy lejos. Miranda cuenta que cuando los Matarazzo compraron las tierras en Fondo de la Legua, a media cuadra de Drago, pudo ver, días antes que demolieran la vieja casona, el frontispicio donde se podía leer claramente y a manera de desafío contra el tiempo y la piqueta de los hombres: “La Adelina-1870” .

Cerca de allí, también antes de dar las gracias por ver esto, un oxidado cartel enlozado lo saludaba por última vez, antes de desaparecer quien sabe en que corralón de oportunidades: “Quinta La Adelina”. Enfrente de la actual estación de servicio y encima de la edificación del Golf Club La Marina, donde los marinos, lejos de sus barcos, combaten el estrés de la vida cuartelaria jugando unos hoyitos, otra reliquia descansa en paz. Allí están los cimientos –más de un vecino ha visto los viejos ladrillos de las paredes- de lo que fue “La casa de Rosas”, que perteneció y fue hecha construir por Juan Manuel, también para combatir el estrés de mediados del siglo XIX. Los históricos restos desaparecieron debajo de paredes blancas y pelotitas de golf.

     Seguramente, la chapa de bronce que recuerda el paso del ferrocarril sea un homenaje merecido, a quienes nos traen y nos llevan, más tarde que temprano a nuestro diario destino. Pero de allí a negar la historia local y convalidar por siempre el error, es reactualizar nuestro compromiso con el olvido.

      Miranda dixit: “La vida de los pueblos rurales gira en torno de la pulpería. Porque eran todas quintas, con agricultores y floristas y con una historia riquísima. El tren habrá traído el progreso, pero no el nombre de Adelina, que perduró por derecho propio. Es hora de rescatar esta historia olvidada”.

(Redacción original de Jorge Daniel Vilches)

(*) Ver Prensa Libre,Nº 1035 Del 18 de mayo de 2010.

* Miguel Ángel Lafuente, secretario de la Junta de Estudios Históricos de Villa Adelina y Boulogne.


Link Permanente:  http://www.prensalibre.com.ar/index.php?id=3525
   
  
 
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