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Jueves 19 de Septiembre de 2019   










"Chuli", tatarabuela de 97 años, habla de su vida
7/10/2010 Vicente López - Mujeres

 
“Chuli” nació en el barrio de Olivos y conoció al que seríasu marido a los 17 años. De esa unión nació su única hija, Lucía, que tiene hoy 65 años y que tuvo dos hijos, María y Julio. María, de 45 años, tuvo a su vez también dos hijos, Victoria y Augusto. Victoria tiene hoy 24 años y un hijo de 3 años que es Juan Francisco.

Tanto su hija, su nieta y su bisnieta tuvieron a su primer hijo a los 20 años y es eso lo que permitió que Chuli se convirtiera en tatarabuela a los 93 años de edad.

Victoria Graciela Mariani de Santa Ana, “Chuli”, vive hoy en Florida, Vicente López, con su única hija. Su casa, de estilo colonial, es cálida y alegre, con un jardín lleno de plantas y de flores y es aquí donde recibe a Prensa Libre para compartir su historia con los lectores.

Chuli nació un17 de julio, allá por 1913, en una casa de Olivos que todavía hoy se puede ver sobre la avenida Maipú. La casa tenía un gran parque que la rodeaba y daba a Maipú por el frente y a Juan de Garay por sus fondos. Ella era la menor de cuatro hermanos. Sus padres, de origen italiano, la llamaban“Picciulina”, que quiere decir “chiquitita” y de allí viene su apodo: “Chuli”. Recuerda al matrimonio de sus padres, Adela y Hugo, como un matrimonio unido y armonioso y a sus hermanos como muy protectores y compañeros en sus juegos de niña, travesuras y aventuras. Su única responsabilidad de aquella época era estudiar, terminó sus estudios primarios y secundarios y estudió piano.

Chuli es una mujer dulce y serena, que infunde tranquilidad al escucharla. De contextura pequeña y figura grácil, camina con movimientos lentos pero seguros. Una sonrisa amorosa suele acompañar sus palabras y sus ojos de un celeste intenso miran con vivacidad a su alrededor. Los años transcurridos no han podido borrar de su cara los rasgos de una mujer bellísima. Con una inteligencia y una claridad mental llamativas, cuenta cómo conoció al amor de su vida:

-Yo tenía 17 años y él era tres años mayor. Se llamaba Raúl y vivía, desde hacía un tiempo, a una cuadra y media de mi casa.

Raúl nació en 1910 en una casa de San Isidro que aún conservaba túneles que daban al río y por los que alguna vez se había transportado contrabando. En su infancia esa casa fue escenario de los juegos infantiles y de grande recordaría esos túneles donde aún había anillas de hierro de las que alguna vez se utilizaron para retener a los esclavos. Sus estudios los realizó en el colegio Nacional de San Isidro, fundado en 1916.

-Un día me vio cuando yo salía con mi hermana y desde entonces buscó la manera de poder hablar conmigo, lo que no le resultó para nada sencillo aún viviendo a tan poca distancia uno del otro. Una tarde vio al cartero dejando una carta en el buzón de mi casa, se acercó y le preguntó el apellido de la familia que vivía allí. Así pudo buscar mi número de teléfono en la guía y llamó. Lo atendió una de mis hermanas, pero cuando le pidió hablar conmigo yo me negué a atenderlo. Imagináte, ni sabía quién era, cómo le iba a andar respondiendo un llamado así. Pero él no se dio por vencido. Escribió una carta presentándose y ni siquiera tuvo que enviarla por correo, pues una tarde que me vio en el parque de mi casa, la dejó en el cerco de arbustos que daba a la calle y me pidió que la leyera. Lo hice y me gustó tanto lo que allí me decía y el modo que lo decía que entonces sí, la próxima vez que me llamó por teléfono, lo atendí (sonríe con mirada pícara).

-¿Comenzaron a salir juntos a partir de aquel momento?

-¿Salir? No, ni hasta la esquina. En aquella época para poder salir conmigo, él debía conocer primero a mi familia y así lo hizo tiempo después. Entonces sí, comenzamos a salir, pero nunca solos, siempre acompañados por alguien de la familia. Me acuerdo que “mi gordo” le preguntó a mi mamá, cuando faltaban solamente tres días para nuestro casamiento, si podíamos ir a tomar un té a pocas cuadras de casa, los dos solos. Mi mamá le dijo que para qué, que si habíamos aguardado tanto tiempo haciendo las cosas bien y como se debe, aguardáramos un poquito más, que sólo faltaban tres días para estar casados. Y no nos dejó.

Recuerda entonces una anécdota graciosa que ocurrió al día siguiente de su noche de bodas:

-Salíamos del hotel donde pasamos nuestra noche de bodas y estábamos caminando por Florida, lo recuerdo muy bien, y entonces “mi gordo” me dice que mire para atrás. Yo pensé que había alguien conocido, pero no era eso, era que él quería que viera que, por primera vez en diez años, estábamos solos, sin nadie que nos acompañara y siguiera a todos lados.

-¿Por qué tardaron tantos años en casarse?

-Mi esposo había perdido un ojo siendo un niño. Fue un accidente que, de alguna manera, marcó su vida. Pues debido a su visión disminuida nunca pudo concretar su sueño de ser piloto militar. Pero sí fue piloto civil (confiesa con orgullo). La falta de ese ojo comprometió mucho la visión del otro y mientras estábamos de novios debió ser operado. En aquellas épocas la medicina no estaba tan adelantada cómo hoy en día y todo se hacía muy difícil, costoso y doloroso. Eso dio como resultado que él no pudiese trabajar durante varios años, por lo que todos nuestros proyectos y planes de casamiento se vieron demorados.

-¿Cómo describiría al amor, Chuli?

-Considero que si el amor es verdadero hay una entrega total al otro. No hay secretos. Poder contarle todo a la persona que se ama crea confianza y une a la pareja. Mirá, desde que yo conocí a “mi gordo” para mi no hubo jamás otro hombre. Me brincaba el corazón cada vez que él llegaba a casa, tanto a los más de veinte años de estar casada como cuando recién estaba de novia. Mi marido se iba y me daba un beso y llegaba y me daba otro, así cada día desde que nos casamos. Estuvimos 25 años casados y fueron 25 años de felicidad. Cuando murió mi esposo yo tenía 53 años y aunque era joven jamás se me ocurrió pensar siquiera en volver a estar con alguien. ¿Cómo podía yo imaginarme al lado de alguien después de haber estado al lado de un hombre como el que fue mi esposo? El primer beso y el último fueron para él.

Chuli hace una pausa. Los ojos brillan pero esta vez el brillo es diferente, algo húmedo y triste.

-¿Imaginó alguna vez que iba a conocer a un tataranieto suyo?

-Jamás. Hasta tenía terror de no llegar a ver a mi hija grande. La verdad es que la vida ha sido muy generosa conmigo por darme esta posibilidad de conocer a Juan Francisco. Es un regalo que renueva la ilusión, que le agrega motivos a querer seguir viviendo. La llegada de un bebé a la familia reaviva el deseo de vivir, por las ganas que se sienten de ir viendo al niño, al adolescente y al joven en el que ese bebé se irá convirtiendo.

-¿Encuentra muchas diferencias entre las familias de hoy y las queconoció en su juventud?

-Sí, son muchas las cosas que han cambiado. Particularmente me llama la atención que los jóvenes parecen estar siempre apurados, más preocupados por lo que vendrá que por lo que están viviendo en ese momento. Y así, no se disfruta. Se pierden las cosas lindas que están viviendo por estar pensando en las que vendrán. Pareciera que todo está fuera de lugar, fuera de tiempo. Por ejemplo, hoy los chicos jóvenes deciden irse a vivir juntos cuando aún no saben bien lo que quieren. Reconozco que muchas de las costumbres que había en mi época de juventud eran algo exageradas, pero te digo una cosa, yo no veo nada bien eso de las relaciones prematrimoniales. Antes llegábamos al matrimonio con mucha ilusión y eso lo hacía muy bonito. Respecto a los hijos, también noto muchas diferencias. Hoy, la mayoría de los hijos no respetan a sus padres y en parte es porque no encuentran en ellos el ejemplo a seguir.

-¿Algún momento difícil?

-Mi vida no ha sido fácil. Todo nos costó mucho. Para poder comprar nuestra primera casa, mi esposo y yo hicimos muchos sacrificios como no poder ir nunca de veraneo y tener que limitarnos en muchas cosas.

-Chuli, ¿se siente satisfecha con todo lo vivido hasta hoy?

-Plenamente satisfecha. Viví rodeada de amor que es lo más importante en la vida. Y me enorgullece poder ir siempre con la frente muy alta, habiendo vivido una vida decente, con honor y con respeto por los demás, y hasta habiendo podido convivir con las cosas de hoy en día y adaptándome a ellas.


Link Permanente:  http://www.prensalibre.com.ar/index.php?id=3146
 
Comentario de elvira, 15 octubre, 2010
que maravillosa mujer, ademirable, soy amiga d eotra vecina Alba Maubert también de Olivos, yo la llamo un canto a la vida porque como Chuli, es todo un ejemplo, tiene 90 años, pero un corazón de 15, son ejemplos que deberíamos seguir y la humanidad sería más bella.
felicitaciones
 
  
 
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