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Martes 22 de Enero de 2019   










“Sin familias isleñas y sin humedal no hay delta”
22/10/2009 Tigre - Ambiente

 
Dos lugareños del arroyo Gambado, en el delta de Tigre, cuentan como se vive y se produce sin necesidad de atentar contra el medio ambiente o destruir el humedal. Opinan sobre el rol que debe cumplir el estado municipal para evitar cambios nocivos en un lugar cuya variación afecta como mínimo a toda la región, y sostienen que el Delta no requiere urbanización para generar recursos genuinos.

Diego Domínguez es docente secundario y universitario, especialista en organizaciones campesinas, tiene 35 años y vive en el arroyo Gambado, a la altura del San Jorge desde hace poco más de un año.

Jorge Peimer, a lo largo de 65 años adquirió y tiene muchos oficios en su haber, vive en la isla, a unos cincuenta metros de Domínguez, desde hace más de 20 años, pero conoce el terreno desde la adolescencia cuando comenzó a remar en el club Hacoaj.

Ambos, pese a la diferencia de años y experiencias de vida, tienen un punto de unión. El delta. Quieren vivir allí. Eligieron ése como su lugar en el mundo. Y se oponen con argumentos sólidos a que la ciudad avance hacia ellos con su tonalidad gris cemento.

«Hay una falsa idea de que en el delta es necesario hacer porque no hay nada o porque no se hace», comienza Domínguez y aclara: «No es que no se hace. El del isleño es un modo de vida. Y hacer no es igual que destruir».

Domínguez dice esto con relación a las actividades que practican los lugareños, y a la avanzada de varios proyectos urbanísticos que hoy amenazan la matriz natural del humedal del delta. Colony Park, Proyecto Delta Poblado Isleño SA, SPA SA.

Caza, pesca, plantaciones a escala humana de sauce y álamo (no la forestación como única y gran inversión), trabajos con maderas blandas, son algunas de las actividades productivas de los isleños.

Peimer, a su turno, apunta que los isleños conocen los lugares de pique así como de aguas saludables para la pesca y los momentos de desove, para la veda, por la propia experiencia en el lugar

Sobre las urbanizaciones, Peimer recuerda la novela, Sudeste, de Haroldo Conti, donde el escritor describe en detalle el arroyo Anguilas. «Si Haroldo lo viera hoy seguro que no lo reconoce» imagina.

Es que la urbanización Colony Park extendió en, al menos, ocho veces el ancho del Anguilas, donde hace años, las copas de los arboles formaban un techo natural entre una y otra orilla, y si hoy hubiera árboles estarían separados por 40 ó 50 metros.

Otros arroyos afectados por las dragas y las retroexcavadoras son La Mojarra, la Paloma, entre el río San Antonio y el Vinculación; y lo más curioso es que pesaba sobre el barrio cerrado una clausura que no cumplieron, con la anuencia municipal.

«No nos consta que trabajan», o «es para reacomodar lo hecho pero no avanzan», los justificó un par de veces, en su momento, el secretario de Urbanismo y Medio Ambiente de la comuna, Antonio Grandoni.

Esta urbanización privada, relatan los isleños, no solo avanzó sobre el humedal sino que desalojó al menos a 20 familias isleñas vecinas al terreno del emprendimiento con las maquinarias para remover tierra.

Estas familias suelen trabajar el junco. Actualmente, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial construye un galpón para guarecerlas mientras vuelven a levantar sus casas en sectores que quedaron sin apropiar por Colony Park.

Para Domínguez, antes que emprender la actividad inmobiliaria, con su alto impacto ambiental, lo lógico sería «no enfrentar a la naturaleza» y "recuperar economías de producción, oficios dentro de la agricultura y la pesca, cría de patos y abejas, entre otros".

La idea del isleño es cubrir el autoconsumo y con el sobrante una porción del mercado, siempre apuntando y valorizando el trabajo artesanal y a escala humana. La otra fuente de recursos es la tradicional del turismo.

«Los estados, municipal y provincial, tienen que reconocer al isleño como un ciudadano necesario para la Nación» señala Domínguez y advierte: «si el humedal sirve, el Estado no puede ser tibio ni ambiguo».

Los isleños destacan que lo elemental es la defensa del humedal, luego el sostén del trabajo genuino local, la producción sustentable y la protección, como patrimonio cultural, de los bolsones naturales que se preservaron de la avanzada urbanizadora.

Para finalizar Domínguez alerta a los compradores, pues si las urbanizaciones carecen de estudios de impacto ambiental y no están en regla «el derecho al consumidor se violenta, le venden algo ilegal, algo nocivo para él y para todos».


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